Eddie y Axel Merckx, Kirk y Michael Douglas, Julián y Javier Marías, Rick y Brent Barry…en el ámbito de las artes y el deporte siempre ha habido destacadas sagas paterno-filiales. El apartado musical no escapa a este corolario. No faltan entre sus filas los Hathaway, los Marley, los Kuti o los Gaye así que, si comienzas en este complicado mundo y tu apellido es conocido ten cuidado porque puede suponer un arma de doble filo. Por un lado es cierto que puede abrirte puertas que jamás pensabas que podrían abrírsete, pero por otro estarías inmerso involuntariamente en una espiral de comparaciones tan odiosas como inevitables.


Artículo publicado en el Número 8 revista Soul Nation

Al hilo de esta aseveración, cuando alguien pronuncia la mágica palabra “Coltrane” a todos se nos viene a la cabeza aquel músico de mediados de siglo que murió joven y que revolucionó el jazz en varias ocasiones. Sin embargo, existen más “Coltranes” a tener en cuenta y no sólo por su apellido. En 1965, fruto de su matrimonio con Alice, nacía Ravi cuyo nombre surgió, en un gesto lleno de la espiritualidad que reinaba en la familia, en honor del músico indio Ravi Shankar. Desgraciadamente, el que fue segundo hijo de la pareja casi no conocería a su padre que fallecería tan sólo dos años más tarde.

A pesar de la impronta dejada por tan importante figura, paterna y musical, a Ravi Coltrane no le despertó el instinto musical hasta bien cumplidos los 20 años cuando tuvo contacto con Elvin Jones, batería de la banda de John y más tarde acercándose al movimiento M-Base de Steve Coleman que fusionaba el jazz con ritmos funk, Hip-Hop y africanos. En 1998, y después de haber participado como sideman en alrededor de una treintena de grabaciones veía la luz su primer trabajo llamado "Moving Pictures" junto al propio Coleman, “Tain” Watts, Lonnie Plaxico y Michael Cain, entre otros. Algo chocaba (o no) en su manera de tocar y frasear con su tenor: ¡No se parecía a John Coltrane!. Bueno, maticemos, algo sí se parecía pero esto procede más por el hecho de que todo saxofonista posterior a Coltrane Sr. se parece a Coltrane Sr. y no por el hecho de que éste sea, además, su padre. Esto no es de extrañar ya que existen bastantes músicos con esta peculiaridad siendo la notoria diferencia entre Dewey y Joshua Redman la más destacada. Tanto Joshua como Ravi proceden principalmente de la escuela de Joe Henderson, otro de los saxofonistas imprescindibles para entender el jazz, y así se pone de manifiesto en sus discos. Seguidamente a su debut vinieron "From The Round Box" (2000) junto a Geri Allen, Ralph Alessi, James Genus y Eric Harland y "Mad 6" (2002) junto a George Colligan y Steve Hass, entre otros. Tras tres años de descanso como líder de combo, en 2005 publica "In Flux" con un cuarteto formado por Drew Gress al contrabajo, E.J. Strickland a la batería además de un sorpresivo Luis Perdomo que destaca en el piano y cuyo primer disco como líder se publicaría ese mismo año producido por el propio Coltrane. Este 2009, aparte de publicar nuevo trabajo, ha comenzado con nuestro protagonista inmerso de lleno en el homenaje al 50 aniversario de Blue Note plasmado en el fantástico "Mosaic: A Celebration of Blue Note Records" donde comparte cartel con importantes músicos como Nicholas Payton, Bill Charlap o Lewis Nash.

Once años son los que lleva Ravi en la palestra como líder, lo que demuestra su voluntad de no ser recordado como “el hijo de…” sino como algo más. Un saxofonista con identidad propia que ha sabido desmarcarse a la perfección de esas odiosas comparaciones mencionadas hace algunas líneas y labrarse un camino propio que tendrá su recompensa dentro de muchos años cuando se le recuerde como uno de los músicos más interesantes del jazz de finales del siglo XX y de principios del siglo XXI. Nuestro protagonista es, por tanto, algo más que un apellido conocido; simplemente Ravi Coltrane.

BLENDING TIMES (SAVOY JAZZ, 2009)

Junto a la banda que ya nos encandilara en "In Flux", Ravi Coltrane nos presentó a principios de año "Blending Times", una última propuesta que nos hizo mucho más agradable la cuesta de enero. El saxofonista demuestra por qué es uno de los estandartes del nuevo jazz con serias, jugosas y exploratorias composiciones que tocan muchos y diversos géneros. Con generosos espacios creados para las improvisaciones e interacciones de los distintos músicos, este último álbum se revela como un carrusel donde tienen cabida la espiritualidad de “Shine” y “Amalgams”, el neo bop de “One Wheeler Will”, la versión del monkiano y chispeante “Epistrophy”, el free bop de “First Circuit” y el funk de “Narcined”. Asimismo, el saxofonista recupera para la ocasión, y para cerrar, el “For Turiya” escrito años antes por Charlie Haden para su madre Alice, acompañado del propio Haden al contrabajo y Brandee Younger en el arpa en lo que supone una preciosa despedida para un disco sublime, uno de los mejores de la temporada.

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