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Cassandra Wilson-Silver Pony (Blue Note, '10)

Estaba esperando impacientemente que un día, al llegar del trabajo, este disco estuviera en mi buzón y eso es exactamente lo que ocurrió anteayer, sólo que en vez de en el buzón, lo tenía la portera de mi edificio que debe pensar, a estas alturas, que tengo alguna enfermedad rara que consista en pedir paquetitos, pero bueno, eso es otro cantar. El caso es que, para estrenar mi cadena nueva, no se me ocurría un disco mejor que este "Silver Pony", última entrega de una de mis debilidades personales, Cassandra Wilson y su banda. Se trata de una colección de directos grabados aquí en España, concretamente en Sevilla y Granada, y Varsovia, intercalados con temas llevados a cabo en estudio. La formación que la acompaña es su habitual, es decir, la compuesta por Marvin Sewell en la guitarra, Jonathan Batiste en el piano, Reginald Veal en el bajo, Herlin Riley en la batería y Lekan Babalola en la percusión con la añadidura de Ravi Coltrane en el cuarto corte y de John Legend (últimamente hiperactivo) en la última pista, la versión del "Watch The Sunrise" de los Big Star. Por lo demás, "Silver Pony" nos trae lo que ya es costumbre en el repertorio de Cassandra Wilson, un mestizaje de sonidos y géneros que van desde estandars de jazz (los espeluznantes “Lover Come Back to Me” y "St. James Infirmary"), hasta llegar a alguna versión soul ("If It’s Magic" de Stevie Wonder), pasando por el blues de la mano del "Saddle Up My Pony" de Charley Patton y gotitas de pop (el "Blackbird" de Lennon y McCartney) y de música brasileña con la estremecedora versión del "Manha De Carnaval" de Luiz Bonfá aquí llamada "A Day In The Life Of A Fool". Centrándonos en el apartado netamente musical, tenemos por un lado la maravillosa y siempre cálida y sugerente voz de una Cassandra que, con poquísimas notas, dice muchísimo más que mil Beyoncés cantando al unísono, con sus insoportables gorgoritos incluídos. Por otro, una banda de la que me declaro auténtico fanático con un Marvin Sewell que ya solo por la introducción que se marca en el mencionado "Saddle Up My Pony" ya merece un monumento, vaya riffs, vaya solos y vaya arreglos que se marca el angelito. A destacar también el trabajo realizado por un Reginald Veal en el bajo y el siempre eficiente Herlin Riley en las baquetas, membranas y platillos. "Silver Pony" es un trabajo que destila excelencia por los cuatro costados. Un manual de Great Black Music que repasa, exitosamente, temas clave en la historia de la música negra con una banda que puede etiquetarse, sin ningún género de dudas, como una de las grandes formaciones de esta primera década de siglo XXI y su líder, Cassandra Wilson, una de las embajadoras más destacadas y esenciales de nuestra música. He dicho.

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Steve Coleman - Rhythm People (Novus, 1990)

Corría el año 1990 y Steve Coleman venía de iniciar un concepto que aglutinaba todas las formas "negras" surgidas hasta ese momento, el M-Base, además de tocar regularmente en las bandas de Dave Holland, figura que también fue incorporando paulatinamente a su música diferentes motivos de este movimiento en lo que supone un claro caso de feedback. Después de publicar tres álbumes para el sello europeo Winter & Winter y uno para Pangaea en los que se manifiesta un todavía inmaduro, aunque interesante, concepto musical, el saxofonista firma con la filial de BMG, RCA-Novus y nos ofrece como primer plato un disco tan grande y rico en contenido como poco modesto en su título, "Rhythm People (The Resurrection Of Creative Black Civilitation)". Y es que ¿cómo va a resucitar algo que todavía no ha muerto?. Obviando este detallito sin ninguna importancia, estamos ante una de las grandes obras realizadas en los noventa por los Five Elements de Steve Coleman. En ese momento la formación estaba compuesta, además del propio alto, por James Weidman al piano y teclados, David Gilmore en las guitarras y una sección rítmica de infarto formada por Reggie Washington (ahora le podéis ver con los RH Factor de Roy Hargrove al igual que antes con los Buckshot Lefonque de Branford Marsalis) y Marvin "Smitty" Smith. A este importante núcleo se únen en algunos temas Robin Eubanks al trombón, Dave Holland en el contrabajo y una Cassandra Wilson espectacular en el último corte del álbum, "Armaggedon". Una de las cosas que más llama la atención es la incorporación de Holland al contrabajo que, efectivamente suple a Washington en algún tema, pero que en otros simplemente se suma al bajo eléctrico formando una base rítmica de una contundencia sobrecogedora donde Holland lleva el peso de la línea mientras el citado Washington le apoya con golpes de ritmo de técnica slap. Os podeís imaginar cómo suena aquello si además le añadimos la portentosa batería rítmica de "Smitty" Smith por detrás. Una burrada en toda regla. Por lo demás, tenemos mucho protagonismo del alto de Coleman, con sus influencias siempre presentes (Maceo Parker, Bunky Green...), pero también del teclado y sintetizador de Weidman y de la guitarra de Gilmore con gran espacio ambos para sus respectivos desarrollos. "Rhythm People (The Resurrection Of Creative Black Civilitation)" nos presenta, en definitiva, un sonido mucho más maduro que el de sus predecesores plasmado en un concepto, el M-Base, al que le quedaba aún mucho recorrido pero que ya comenzaba a sentar las bases para todo lo que vendría después, que ha sido mucho y muy bueno. Música muy rítmica para los oídos más exigentes.

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Otro "Death Letter"


Os acabo de dejar el original de Son House, pero considero que aquí también debe estar presente la impresionante versión que hizo Cassandra Wilson en su álbum del '95, "New Moon Daughter". Los pelos como escarpias, oiga.

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Cassandra Wilson, otra diosa de ébano

Madre mía como suena el "St. James Infirmary" por Cassandra Wilson y su banda formada por Marvin Sewell (guitarra), Reginald Veal (bajo), Herlin Riley (batería), Jonathan Batiste (piano) y Lekan Babalola (percusión). Tremenda asimilación del blues la que hay que tener para mezclarlo tan efectivamente con jazz contemporáneo y algo de soul, como aquí. Maravillosa Cassandra, como siempre, en esta actuación encuadrada en el Festival de Jazz de Monterrey en septiembre de 2008

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David Murray - Sacred Ground (Justin Time, 2007)

David Murray es quizá el tenor más destacado de su generación y el más importante de los, al menos, últimos 30 años de la historia del jazz. En este tiempo su saxo ha brillado con luz propia en un estilo que, para muchos, parece acabar en los años sesenta con el advenimiento del free jazz. Sin embargo, Murray pertenece a esa clase de músicos capaces de llevar ese jazz que parecía estancado a un nuevo estadio. Su visión neoclasicista recoge todos y cada uno de los estilos negros distribuidos, no solo a lo largo y ancho de EEUU, sino también en determinadas regiones del Caribe (veáse Guadalupe) y, por supuesto, de África, lo que le convierte en uno de los pocos elegidos que asimilan en su forma de tocar la diáspora negra a través de su ya larga y castigada historia. Con ya unos cuantos años que pesan sobre sus espaldas, Murray sigue dando muestras de buena salud musical. Ejemplo de ello es su último trabajo. Llamado “Sacred Ground” supone un retorno a su laureado cuarteto, en esta ocasión llamado Black Saint Quartet, pues a su cuasi divina interpretación al saxo tenor y al clarinete bajo hay que adicionar la batería de Andrew Cyrille, el contrabajo de Ray Drummond y un pianista, LaFayette Gilchrist, que tiene la difícil labor de suplir al gran John Hicks protagonista pianístico en anteriores incursiones a cuatro del saxofonista y fallecido un año antes. La banda se ve completada por la inefable e insustituible Cassandra Wilson que con su grave voz borda dos poemas compuestos para la ocasión por el poeta afroamericano Ishmael Reed: el propio “Sacred Ground”, una preciosa y emocionante balada y un delicioso blues llamado “The Prophet Of Doom” que estremece gracias al sentimiento que desprende. Por lo demás, la formación firma, sin lugar a dudas, el mejor trabajo del año pasado en cuanto a jazz se refiere. Gilchrist está sublime al piano y Drummond y Cyrille son Drummond y Cyrille sin más. No hay nada que añadir. Si no me creéis, podéis comprobarlo en composiciones como “Banished”, única vez que Murray muestra su clarinete bajo y donde el contrabajo tocado con arco de Drummond pone la emoción a flor de piel, “Family Reunion” o como hacer jazz con sabor R&B y no morir en el intento, “Believe In Love”, aproximación del saxofonista a los ritmos latinos o “Transitions”, espectacular de principio a fin. Todas ellas, por supuesto, regadas por los característicos sobreagudos y graves que nuestro protagonista arranca de su instrumento y que actualmente le hacen único en su estilo. No hay nadie que hoy día suene como él. Su personalidad al soplar no es otra cosa que el reflejo de su talento. Talento este que le sirve para conjuntar sonidos ásperos con melosas y dulces melodías cuando la composición que interpreta así lo requiere. Este es el común denominador en “Sacred Ground”. Una obra de arte en estado puro. Házte con ella o te arrepentirás tarde o temprano.

Reseña publicada originalmente en Blacksoundhistory

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