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Melvin Sparks - Texas Twister (Eastbound, '73)

Cuando nombramos a Melvin Sparks quizá estemos mentando a uno de los cinco mejores guitarristas de la historia en cuanto a soul jazz y jazz funk se refiere. Después de tocar para gente como Sam Cooke, Little Richard, Jack McDuff, Charles Earland, Reuben Wilson o Lou Donaldson y con una influencia muy directa de otro grande como Grant Green, Sparks se "independizó" en 1970 para debutar como líder con un disco propio a su nombre. Tres años después, y con los mismos trabajos ya a sus espaldas, publicó este "Texas Twister" con una banda que se enorgullecía de contar con activos como Ceasar Frazier (hammond B-3), Ron Bridgewater (saxo tenor), Idris Muhammad (batería), Wilbur "Bad" Bascomb (bajo) y Ron Miller (guitarra en tres temas) y un productor de enormes garantías como Bob Porter. A esas alturas ya se sabía lo que Melvin Sparks ofertaba. Su mezcla entre soul, jazz y funk era de lo mejor que se hacía por aquella época en el campo de la fusión entre diversos estilos y este trabajo, aun sin innovación, no fue una excepción siendo considerado por muchos incluso más funk que jazz. Yo no lo tendría tan claro pero lo que es seguro es que todo está tan primorosamente cuidado, que la música resultante es de primera clase. ¿De qué forma iba a ser si no comenzando como comienza con ese estratosférico y sudoroso tema para la pista de baile llamado "Whip! Whop!"?. Otras composiciones a destacar son el segundo corte del disco, un delicioso medio tiempo soul jazz llamado "Gathering Together", el difrutón R&B de "Judy's Groove" o la vuelta al funk en el tema que da título al disco, "Texas Twister". Por otro lado, cabe resaltar el excepcional trío rítmico formado por Bascomb, Frazier y Muhammad que tejen una extraordinaria tela de araña para los desarrollos de un endiablado Melvin Sparks que toca lo que quiere cuando quiere y más allá. Estamos pues ante un interesantísimo trabajo muy en la onda de lo que gente como Lonnie Smith, George Benson o el propio Grant Green venían haciendo en esa época tan fecunda que fueron los primeros setenta para la fusión entre el jazz, el soul y el funk. Disco notabilísimo reeditado en un solo CD junto a su "'75" por el sello BGP (Beat Goes Public).

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Ceasar Frazier - Hail Caesar! (Eastbound, 1972)

Cuando el soul-jazz se puso de moda a mediados de los sesenta, salieron a la palestra numerosos organistas que hicieron del hammond B-3 un instrumento con una voz protagonista propia. Los pioneros fueron Jimmy Smith y Lonnie Smith pero luego fue apareciendo gente como Charles Earland, Brother Jack McDuff o Jimmy McGriff. Uno de los menos conocidos para el gran público, fue un músico que ya había formado parte de las bandas de Lou Donaldson cuando éste giró su música más hacia el groove. Me estoy refiriendo a Ceasar Frazier, un estupendo organista que en 1972 alumbró su primer elepé como líder llamado "Hail Caesar!". En él no reparó en gastos ni excusas y juntó a varios de los mejores músicos del género del momento: Idris Muhammad en la batería, Melvin Sparks en la guitarra, Gordon Edwards en el bajo, Cecil Bridgewater en la trompeta y Houston Person en el saxo tenor. Con todos estos mimbres el producto final no puede ser mejor, quizá poco arriesgado, pero apabullante en  cuanto al apartado sonor se refiere. El trabajo comienza con una estupenda versión del "Hikky-Burr" que Quincy Jones y Bill Cosby firmaran unos años antes para proseguir con el único tema lento del disco, una sugerente belleza llamada "Ellie's Love Theme" original de Isaac Hayes. Ésta y el quinto corte "Make It With You" suponen los dos acercamientos más explícitos al jazz de un trabajo que se completa con la cadencia latina de "See-F" y los medios tiempos funk "Hail Caesar!" y "Runnin' Away". Por lo demás, lo que tod@s ya sabemos en este tipo de grabaciones, mucho virtuosismo plasmado en la grandísimas intervenciones de los no menos grandes músicos que aquí aparecen, destacando, eso sí, la terna formada por Melvin Sparks, Gordon Edwards e Idris Muhammad además de un maravilloso Houston Person que frasea como nadie con su tenor. "Hail Caesar!" es otro de esos álbumes semidesconocidos que cuando los descubres no haces otra cosa que tararear sus melodías. No es un dechado de originalidad ni de innovación, pero ¿a quién le importa cuando la música tiene esta calidad?. Ah!, aficionados al hip-hop, aquí tenéis a un músico que es un auténtico filón de samples para rappers como Common y bandas como Gang Starr, así que ojo.

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Archie Shepp - True Ballads (Venus, 1996)

Llevaba tiempo queriendo escuchar este disco tranquilamente y en condiciones pero, unas veces porque en el momento de elegir me apetecía otra música y otras porque no tenía tiempo, lo he ido dejando hasta que hace poco por fin puede prestarle la atención que se merece. Se trata de uno de los pocos Venus que tengo, no por falta de ganas de tener más, sino por su elevado precio, en el que se junta a Archie Shepp con músicos tan contrastados como John Hicks al piano, George Mraz en el contrabajo e Idris Muhammad en la batería para tocar clásicos y baladas en clave de jazz. Así, encontramos en este "True Ballads", que así se denomina el disco, versiones de temas por todos conocidos como el "The Shadow Of Your Smile" de Johnny Mandel, el "Everything Must Change" de Bernard Ighner o el siempre recurrente "Nature Boy". Se trata de un trabajo meláncolico, cargado de emoción y sentimiento y todo tocado estratégicamente muy lento para que llegue más hondo. Claro, cuando uno lee esto se debe pensar que el saxofonismo del amigo Shepp es también meloso en este álbum. Parcialmente yo diría que sí. Recuerda por momentos al mejor Ben Webster, pero en el otro lado de la balanza encontramos una dureza propia de, quien si no, John Coltrane con unos determinados chillidos y dejes que se encuentran definitivamente fuera de las órbitas de lo que normalmente esperamos de una balada. El saxo de Shepp se lleva casi todo el protagonismo dejando algún huequecito para el corto lucimiento personal de un Hicks, como siempre, inconmensurable, y casi ninguno para Mraz y Muhammad que se limitan, brillantemente, a sostener con su swing los desarrollos de sus dos compañeros. "True Ballads" es un disco precioso. Es cierto que no arriesga nada y que esta centrado en el conservadurismo, pero éste es tan placentero que cuando lo escuchas, se torna indiferente. Lo único que te pide el cuerpo es que te dejes mecer por lo que estos cuatro músicos tienen que ofrecerte. Y cuando lo consigues, la cosa funciona a la perfección.

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