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Dr. John - Desitively Bonnaroo (Atlantic, 1974)

Mac Rebennack, más conocido como Dr. John, es uno de los músicos más importantes de Nueva Orleans. Con esa particular voz que siempre ha caracterizado su música, siempre ha repartido generosas porciones de soul, R&B y funk mezcládonlas con jazz y ritmos de su ciudad natal, todo con un puntito de locura Mardi Gras, que, dicho sea de paso, nunca está de más. El caso es que después de sacar un gran primer álbum en 1969, el Doctor cayó en las redes de la comercialidad en sus siguientes discos a los que invitó a los músicos británicos que estaban de moda por aquel entonces, con el insufrible Mick Jagger a la cabeza. Después de unos años de bajón creativo, Dr. John volvió al redil y publicó obras maestras como "Dr. John's Gumbo" (1972) con Harold Battiste por detrás o su conocido "In The Right Place" (1973) ya con los Meters como banda de fondo y Allen Toussaint como pianista, productor y arreglista. En esta misma onda y con este mismo plantel mimándolo a base de bien, el Doc saca en 1974 otro disco descomunal llamado "Desitively Bonnaroo" con un sonido directo muy funk que se desarrolla sin paliativos y en el que destaca esa apabullante dupla rítmica que forman George Porter jr. al bajo y Ziggy Modeliste en la batería sin menospreciar, claro está, la guitarra hipnótica de Leo Nocentelli y el hammond de Art Neville además del piano del propio Dr. John que también toca guitarras en algún momento. Mención aparte merece el siempre extraordinario y eficiente Allen Toussaint que además desarrolla una labor clave en la producción y los arreglos con ese sonido marca de la casa que siempre suele imprimir a sus creaciones. Y es que todo lo que toca este hombre es sinónimo de calidad. ¡Y qué calidad tenemos aquí!. Ya sólo por como abre con ese estratosférico "Quitters Never Win" merece la pena, pero es que sigues escuchado y te encuentras como obras de arte como "What Comes Around (Goes Around)", "Mos' Scocious" o el tema homónimo que cierra el elepé "Desitively Bonnaroo". Como para no parar de gozo en todo lo que dura el álbum. Son grabaciones como esta las que hacen que este mundo de la black music merezca la pena. Un 10.

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The Meters - Fire On The Bayou (1975)

No salimos de Nueva Orleans y de los metales de la Dirty Dozen Brass Band y nos vamos 33 años atrás para revivir una de esas bandas imprescindibles de la historia afroamericana. Cuando Art Neville (teclados y voces) reunió a sus colegas Leo Nocentelli (guitarra), Joseph "Ziggy" Modeliste (batería) y George Porter Jr. (bajo) a mediados de los sesenta para formar The Meters, nadie imaginaba que este cuarteto pasaría a ser en los años posteriores el estandarte de la música de la ciudad del Mardi Gras y, junto con Sly Stone y James Bown, quizá la banda de funk más importante e influyente en generaciones posteriores de souleros, funkarras y hiphoperos. En 1969 debutaron bajo la batuta apadrinadora de Allen Toussaint en la producción con un álbum homónimo totalmente instrumental donde se incluían clásicos tan conocidos y básicos como "Cissy Strut" o "Sophisticated Cissy". Su tercer trabajo para Reprise, "Fire On The Bayou", fue publicado 6 años después cuando bandas como Earth, Wind & Fire, Funkadelic, Parliament, Ohio Players y Kool And The Gang al igual que los experimentos de Herbie Hancock con el funk estaban en la picota. Los Meters, lejos de amilanarse, dieron de lleno en la diana con uno de sus mejores elepés donde siguen con la fórmula vocal introducida unos años antes por Art Neville. Ahora bien, describir como suenan es casi una quimera, no porque su sonido sea indescriptible, sino porque tocan tan condenadamente bien que no se puede apreciar con solo unas palabras. Los riffs de guitarra de Nocentelli imitados hasta la saciedad en muchos músicos de hoy día, la línea inimitable de bajo de George Porter y los ritmos de "Ziggy" Modeliste, base para formaciones que se hacen famosas haciendo funk para blancos como los Red Hot Chilli Peppers, son ya clásicos dentro del funk con más groove. Además el virtuosismo de los arreglos y la profundidad a la que llevan el soul, el R&B y músicas sureñas como el cajún o el zydeco es algo que tendremos que agradecerles siempre como parte inherente de la música que ha venido después. Digamos que sin Meters no hay D'angelos, Erykahs, ni Saadiqs. Así que puedes conocer a James Brown y a George Clinton, pero si no conoces a la banda liderada por Art Neville, algo en tu espíritu "afro" está cojo. Soluciónalo ya. Aún estás a tiempo.

Reseña publicada originalmente en la página Blacksoundhistory.

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Más cositas de los Meters


Por aquí os dejo una perlita que he encontrado por internet haciendo un descanso en el trabajo. Se trata de un directo fechado en 1974 en el que los Meters nos deleitan con dos de sus temas más conocidos, "Look-Ka Py Py" y "Jungle Man". Desde mi punto de vista, una de las grandes bandas de la historia a la altura, por citar a alguien inmenso, de Sly & The Family Stone

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"It Ain't No Use", una maravilla de los Meters

Art Neville, Leo Nocentelli, George Porter Jr. y Joseph "Zigaboo" Modeliste formaron los Meters a mediados/finales de los sesenta. Nadie en ese momento intuía que esta formación se iba a convertir en los próximos años en una de las bandas de referencia del funk y una de las más influyentes, no sólo en el ámbito del R&B, sino del pop y del rock. A título personal tengo que decir que están entre mis tres bandas favoritas de todos los tiempos. Tengo todos sus discos publicados entre 1969 y 1975, su mejor época. En 1974, publicaron la que para muchos es su cima creativa, un álbum llamado "Rejuvenation" que, a pesar de su horrenda portada, traía algunas de las mejores composiciones de la banda y algunas de las destacadas intervenciones de sus componentes a nivel instrumental. Ejemplo de ello es, para mi gusto, la mejor canción del disco. Un tema de casi doce minutos de duración llamado "It Ain't No Use", donde Leo Nocentelli demuestra sus dotes guitarrísticas primero en solitario con sendos solos después de la intervención vocal de Art Neville y luego en un emocionante duelo entre él, el teclado del propio Neville y la espeluznante sección ritmica formada por Porter y Modeliste. Rítmica, por cierto, estudiada y revisada posteriormente por muchos y diversos artistas y grupos de todos los ámbitos, desde el jazz al rock. Cosas como estas son las que hacen que la música (negra) valga la pena.

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