Últimamente parece que está surgiendo una respuesta con fundamento por parte del jazz vocal femenino al ámbito más comercial y anodino representado primordialmente por Norah Jones o Diana Krall. Si ya teníamos consagrada a gente como Cassandra Wilson, Dee Dee Bridgewater o, en menor medida, Madeleine Peyroux, en estos últimos años vocalistas como Lizz Wright se han empeñado en obsequiarnos, en cada una de sus entregas, con verdaderos manuales, no sólo de jazz sino también de sonidos que pasan por el folk, el blues, el soul o el gospel.
Reseña publicada originalmente en el número 2 de la revista Acidconga
Reseña publicada originalmente en el número 2 de la revista Acidconga





