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El trío de Fred Anderson en concierto

Fred Anderson nos dejó hace poco pero se marchó trabajando hasta sus últimos días. Ahí quedan sus discos con Hamid Drake publicado en los últimos años así como sus trabajos como líder en solitario, todo ello rondando los ochenta años, edad a la que, finalmente, falleció. Mirando por ahí en internet me he encontrado con un concierto completo fechado en 2005 formando en trío junto a Jaribu Shahid en el contrabajo y el propio Hamid Drake en la batería y pandero. Disfrutadlo porque no se va a ver nunca más.

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Hamid Drake - Reggaeology (Rogue Art, 2010)

Reseña publicada en la web de Jazzitis:

Se podría decir que una de las pocas cosas que tienen formalmente en común las grabaciones que Hamid Drake edita a nombre de su grupo Bindu es que no se parecen en nada entre sí: en Bindu (Rogue Art, 2005) el baterista se rodeó de un nutrido grupo de saxofones (cuatro) para viajar de África a India; en Blissful (Rogue Art, 2008) lo hizo de dos guitarras, dos contrabajos y una vocalista y desarrolló música fundamentalmente improvisada, también muy imbuida de componentes africanos; Reggaeology, tercera grabación del grupo, sirve a Drake para dejarse llevar por los ritmos jamaicanos del reggae. Por Ricardo Arribas.

Lee aquí mi reseña y aquí la de Pachi Tapiz.

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Mitchell+Bankhead+Drake=Indigo Trio

Hace ya bastante años que Nicole Mitchell emergió de la nueva escena vanguardista de Chicago con unos trabajos que, como buena componente de la AACM, abordaban la Great Black Music de una manera más que interesante y que se plasmaba en un proyecto llamado Black Earth Ensemble. Sin embargo, en 2007 y 2008 nos ha presentado, primero en directo ("Live In Montreal") y posteriormente en estudio ("Anaya"), su Indigo Trio junto a Harrison Bankhead y Hamid Drake, una de las rítmicas más imponentes del planeta, poniendo de manifiesto asi que aún se hace buena Gran Música Negra.

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Hamid Drake - Reggaeology (Rogue Art, 2010)

Como ya he dicho en multitud de ocasiones, Hamid Drake es el batería, y quizá el músico, que más me ha impresionado ver en directo. Considerado desde los noventa como uno de los mejores percusionistas de su tiempo y con su característico arsenal de ritmos y polirritmos procedentes de todas y cada una de las partes del mundo, Drake se ha encargado de crear en un servidor un interés casi obsesivo en todas las grabaciones donde él está presente. A estas alturas de año, todavía no me había parado a escuchar su último proyecto como líder enmarcado en su serie con el colectivo Bindu, una maravilla publicada por el sello francés Rogue Art llamada "Reggaeology" que, como su propio nombre indica, está dedicada a la música jamaicana por excelencia. Sin embargo, me quedaría demasiado corto y estaría faltando a la verdad si sencillamente afirmo que este "Reggaeology" es "sólo" un disco de reggae. ¿Conocéis el término Great Black Music por aquí expuesto varias veces, no?, pues eso, este trabajo es todo un ejemplo de esa cosa maravillosa que mezcla un verdadero batiburrillo de ritmos y melodías procedentes de los rincones más negros y con más enjundia y cuerpo del planeta. Sentadas estas premisas, toca fijarse en los músicos, ¡y vaya músicos!. A Hamid Drake en la batería, los panderos, la tabla y sus pinitos en las voces se le únen el rapper y beatboxer, integrante de los IsWhat?!Napoleon Maddox, Jeff Parker en la guitarra, Jeff Albert al trombón y al hammond, Jeb Bishop también al trombón y Josh Abrams al contrabajo y al guimbri, estos últimos primeros espadas de la actual escena jazzística y vanguardista de Chicago, lo que corrobora, una vez más, que para llegar al free jazz hace falta impregnarse de cuantas diversas músicas sea posible. Sólo es necesario escuchar el primer corte del disco, una maravilla llamada "Kali's Children No Cry" de más de 19 minutos de duración, donde se alternan unos solos escalofriantes por parte de todos y cada uno de los músicos que integran el plantel con partes más extremas que rozan la libre improvisación. Pero no os asustéis los que no estéis acostumbrados al jazz más free, porque éste está acotadísimo y sólo se recurre a él cuando la ocasión así lo requiere. No estorba, enriquece. Por lo demás, y como no, todos los músicos están tremendísimos, con especial mención, claro está, para un Hamid Drake que apabulla de lo bueno que es. Indescriptible con palabras lo que puede llegar a hacer este hombre. "Reggaeology" salió en enero pero en diciembre, cuando haya que hacer la lista de los mejores del año, estará, a buen seguro, en los puestos de cabeza. Una obra maestra de la Great Black Music contemporánea y un disco fantástico para aquellos que quieran acercarse a la música del que ahora mismo es uno de sus representantes más imprescindibles y destacados.

Lee aquí la reseña de Pachi Tapiz en "Buscando un Nombre".

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William Parker - Petit Oiseau (AUM Fidelity, 2008)

Pocos músicos son los que publican más de un trabajo al año pero menos aún los que llevan a cabo propuestas dignas de mención entre las mejores obras de cada temporada. Estos pocos son unos cuantos "locos" que, dada su comprensión musical, su técnica y la devoción con la que tocan, componen o producen, pasarán antes que otros a la historia como los más grandes. William Parker, el contrabajista más importante de los últimos años (si Dave Holland deja algo de sitio en lo más alto del escalafón), pertenece a este selecto grupo y cada año nos deleita con bellos ejercicios de una factura impecable. Su concepción particular de la la música negra como un todo, su capacidad de dirección a lo Charles Mingus o el propio Holland, su curiosidad por explorar nuevos mundos, músicas diversas, universos incognoscibles es lo que le hace grande. Eso y una técnica a prueba de bombas que recoge  influencias de algunos de los mejores contrabajistas de todos los tiempos como Jimmy Garrison o Richard Davis. Capaz de moverse como pez en el agua en terrenos distintos (groove, bop, free, clásica, blues, baladas, música africana...) pero unidos entre sí por una delgada línea cronológica, Parker es ya un grande de la escena y su último "Petit Oiseau" me da la razón por completo. Si nuestro protagonista es ya de por sí un auténtico animal con todas sus letras, cuando se junta con Hamid Drake en la batería aquello puede resultar un cóctel explosivo ya que los dos forman la mejor y más compenetrada sección rítmica del jazz contemporáneo. De esta forma, al pizzicato tremendamente percusivo del contrabajista se superponen los mil y un ritmos que Hamid Drake puede arrancar de la manera más inverosimil de su instrumento. Verlos tocar juntos es un lujazo y ya con eso bastaría para una velada orgásmica, pero si, como en "Petit Oiseau", se les únen Rob Brown en el saxo alto y Lewis Barnes en la trompeta el resultado puede ser de aúpa y así se pone de manifiesto una vez comienza a girar en nuestro reproductor. Con un repertorio basado en canciones dedicadas cada una de ellas a alguien que las inspiró, el trabajo divaga por las aguas que más le gustan a Parker, es decir, un batiburrillo de todas las músicas de las que bebe unidas, por si alguien lo dudaba, por un hilo conductor que no es otro que el jazz. Desde esta óptica,  la banda visita el groove en "Groove Suite" que, como es propio nombre indica, es una suite con tres movimientos o "Talaps Theme", el post bop en la homónima "Petit Oiseau" o en la dedicada al trompetista Arthur Williams "The Golden Bell", el bop a secas en "Four For Tommy", el neoclasicismo en "Malachi's Mode" o el free desde la diáspora africana en "Dust From A Mountain" con Drake en el balafón erizando pelos a su antojo. Todo ello, eso sí, desde la batuta del jazz libre contemporáneo y afroamericano que William Parker maneja con una soltura admirable. En fin, todo cuanto diga puede quedar corto ante la demostración de capacidades que supone esta última aventura del contrabajista. Jazz tocado con las vísceras y plasmado en unas conversaciones con tanto que decir que apabulla solo de pensarlo. Con estas premisas, puede afirmarse, por tanto, que "Petit Oiseau" es, sin ningún tipo de cortapisa, uno de los discos más destacados del año en cualquier género. Un trabajo que nos recuerda lo maravilloso que el jazz puede llegar a ser. Muchas gracias Mr. Parker por tantas y tantas horas de disfrute. Un placer escucharle.

Reseña publicada originalmente en la página Blacksoundhistory.

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Drake & Parker, la mejor rítmica del momento



Hasta hace bien poquito he tenido en el cuadro dedicado al disco recomendado el "Piercing The Veil" realizado a pachas entre William Parker y Hamid Drake. Si ya me quedé absolutamente traspuesto después de ver a Hamid Drake en el cuarteto de David Murray formando la rítmica con Jaribu Shahid, un año después casi me caigo redondo al suelo cuando pude verle junto a William Parker. Los dos puede que formen la sección rítmica más potente de la actualidad, no sólo por el entendimiento y la compenetración que ambos tienen con sólo mirarse en el escenario, sino también por la amplia gamas de ritmos que son capaces de desplegar con una facilidad que, de verdad, aturde y mucho. El citado "Piercing The Veil" es un buen ejemplo para conocer de primera mano esta imprescindible dupla que nos recibe nada más comenzar a sonar con este impresionante groove llamado "Black Cherry".


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F. Anderson & H. Drake - From The River To The Ocean (Thrill Jockey, 2007)


"From The River To The Ocean" me parece uno de los mejores discos que se han publicado en los últimos dos años. Quizá sea mi fe ciega en San Hamid Drake la que no me deje ver algún defecto en este trabajo, pero lo cierto es que me encantó la primera vez que lo escuché y con las siguientes escuchas, ha ido ganando aun más. Además de por Drake, el disco viene firmado por Fred Anderson, otra leyenda viviente de la AACM y que a sus ochenta años demuestra estar como una rosa. La banda la cierran Harrison Bankhead (contrabajo, chelo y piano en dos temas), Josh Abrams (contrabajo y guimbri) y Jeff Parker (guitarra). Todos están soberbios pero quizá tenga especial predilección por Bankhead y su contrabajo, aunque como comienza la guitarra de Parker en el primer tema, "Planet E", me parece fantástico. Centrándonos en la música que encierra este "From The River To The Ocean" tengo que alentar a todos aquellos que huyen del free más radical porque, sí, estamos ante un disco con ramalazos free pero bastante bien contenidos en contextos africanos, bluesísticos y boperos. Merece la pena zambullirte en las aguas de este río que lleva al océano.

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